Yo bajaba caminando por la calle 31, a coger el Santra para ir no sé a dónde y cuando llegué a la esquina por donde pasa el bus, me paré a esperarlo y vi a Mala Suerte en la acera del frente, salía de una tienda.
A Mala Suerte ya lo había visto muchas veces, en su puesto de apuestas en la panadería y hasta en la universidad, mi mamá y mi papá le hacen chances, anda por todas partes con su uniforme de GANA y con su característico medio cigarrillo sosteniéndolo en su boca mientras camina con su peculiar caminar: medio empinado, sin asentar del todo sus pies, no porque quiere, sino porque la madre naturaleza así lo mandó a la selva.
Eran las 2:30 de la tarde. El tráfico de gente era corriente, unos cruzaban la calle a pie, pasaban carros, motos y otros buses, el Santra no aparecía, esos buses se demoran mucho y siempre me toca esperar y ver entrar y salir gente de la tienda, como a Mala Suerte que salía de allí y se disponía a pasar la calle. Cuando ya iba en la mitad con su lento caminar, apareció un taxi y aceleró sobre Mala Suerte, muertos de risa los del taxi lo hicieron correr dificultosa y deprimentemente. Fue incómodo ver correr a Mala Suerte.
Fue tal su trote y la burla de los que iban en el taxi que Mala Suerte logró llegar a la esquina donde yo estaba y apenas pisó tierra firme, me echó todo el humo de su medio cigarrillo en la cara, por susto, supongo.
El taxi siguió y Mala Suerte lo miró y le dijo casi gritando: Hoy se muere este hijueputa. A mí me miró pero no me dijo nada y se fue caminando a su paso, terminando el cigarrillo.
(lunes 29 de noviembre de 2010)
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