martes, 8 de octubre de 2013

Ya no creo en su mirada
y su voz no me estremece
aunque tiemblo cuando lo veo
y me sudan las manos cuando se acerca.

Miente y él sabe que lo sé.
Todavía cree en mi inocencia
y en la ingenuidad de una diezyochoañera universitaria
que un día se hundió en su mirada
y se exaltó con cada palabra.

(Continuará)

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